Lo importante, después de todo, es salir.

“Nos convertimos en lo que pensamos”

Earl Nightingale

Siempre me he considerado una persona fuerte y capaz de enfrentarme a todo con la máxima entereza o por lo menos siempre he podido y he querido hacerlo con una sonrisa; que la gente a mi alrededor no pueda ver como estoy de verdad; que el dolor, miedo o rabia que siento no traspase mi “imagen” de valiente y feliz. Siempre he sido así desde pequeñita. Ante las adversidades, me visto con una sonrisa de oreja a oreja, me pongo el sombrero del humor y los pantalones de la disimulación y para adelante. No permito que el miedo me delate. IMG-20151020-WA0018[1]No quiero que la gente se preocupe; no quiero que la gente piense que me quejo; no quiero que la gente diga que Luisa es débil. “Luisa puede con todo y más” muchos me dicen. Eso es con lo que quiero que la gente se quede. Es Luisa; ella es fuerte…

Hace unos meses escribí:

“…Tengo que aprender a llegar a ser feliz con lo que tengo ahora. Para que llegue el día que no me levante pensando que ésto es todo. Para poder disfrutar del ahora. Del reto que la vida me ha puesto delante. Que mi vida pasada pasó y que volverá cuando le toque volver; en un año o dos, pero que volverá y cuando llegue seré mejor persona y mejor profesional por todo lo que me ha tocado vivir ahora…”

Sinceramente, pensaba que lo había conseguido. Que la sonrisa que ponía cada día; que “el estoy bien” que respondía cada día; que mi aceptación de la realidad era sincera; que toda mi manera de enfocar la vida era honesta; que estaba siendo fiel a mi manera de ser, sí, pero me di cuenta de que no estaba siendo honesta conmigo misma; con la Luisa que hay detrás de esa manera de ver y hacer las cosas. Esa sonrisa no era real; ese humor no me hacía reír y poco a poco me estaba hundiendo cada vez más en un pozo sin cubo ni cuerda con los que salir.

No obstante, y sin mucha fe en el éxito del mismo, acudí a un psicólogo. Si soy sincera, nunca he tenido mucha fe en ellos y menos conmigo puesto que no creía que tenía razón alguna por la cual acudir; yo estoy bien, me decía, aún no estando del todo convencida. Me acuerdo de lo primero que me dijo: “para que podamos trabajar juntos y con éxito necesito saber por qué estás aquí; qué quieres conseguir…”. ¿Por qué estaba allí? Pues no sé. Tardé varios minutos en poder descifrar lo que quería decir de tal manera que no sintiera vergüenza por haber acudido a él, para evitar que él pensara, “¿Qué hace ésta aquí si no le pasa nada grave?”. Al final, logré concluir que lo que quería conseguir era ajustar la “disyunción que existía entre lo que sentía, pensaba y decía”. Y me quedé tan pancha. Ahora lo pienso bien y realmente, en ese momento, no sabía ni qué quería decir con eso. Me doy cuenta de que lo que quería decirle a gritos era “por qué me siento tan mal cuando mi cabeza me dice que lo que estoy haciendo es lo correcto y lo que debo hacer; por qué intento justificar con palabras lo que siento cuando me estoy hundiendo un poco cada día; por qué me siento como una niña pequeña chillando para que la rescaten y la protejan cuando me toca a mí proteger y rescatar; por qué me siento tan mal por querer correr y no mirar atrás; por qué quiero despertarme un día y volver a años atrás; por qué me siento egoísta sintiendo todo esto; por qué tengo miedo y no lo digo; por qué hago siempre lo que la gente espera de mí y no transmito mi malestar…por qué…por qué…por qué….

IMG-20151031-WA0011[1]Por suerte es un gran profesional y a lo largo de las últimas semanas, a través de las sesiones de una hora, he conseguido, con él, hablar, abrirme, explicar, describir sentimientos, recuerdos, experiencias que nunca hubiera dicho que tenían nada que ver con nada y resulta que todo en esta vida tiene relación, hasta el más mínimo detalle. Realmente he conseguido entender. Entender. Entender y aceptar que la vida no es lineal, que la vida no es sólo una sucesión de experiencias sin ningún tipo de relación entre ellas. He conseguido entender que somos en parte genética (nuestros apellidos), en parte consecuencia de nuestras experiencias (tu nombre que cuando se junta con tus apellidos te hace único) pero que sobretodo somos mucho más que esa genética y esas experiencias. Somos relaciones, somos sentimientos, somos maneras de pensar, somos amor, somos una y mil situaciones y momentos, somos recuerdos, somos familia….somos las tres dimensiones en una. Somos más que la situación actual de cada persona. Ese momento único no te define ni te definirá. Entender pero sobretodo aceptar.

He tenido que llegar a entender que ha habido momentos específicos en mi vida, de mi niñez, de mi adolescencia y de mi vida de adulta que han marcado para siempre mi manera de actuar ante las situaciones. Esa sonrisa que siempre pongo y aceptar todo lo que me viene encima sin rechistar ni quejarme. Esta manera de actuar ha sido una reacción de autoprotección para sobrevivir. No he tenido una vida difícil, no me puedo quejar, soy consciente de ello, y doy gracias por ello. No me ha faltado de nada, es cierto, pero no por eso todo ha sido un camino de rosas; no por eso no ha habido carencias en algún que otro momento. Pero todos tenemos épocas mejores y peores tanto con uno mismo como con los demás. Sin embargo, si algo ha predominado desde que tengo uso de razón, es mi capacidad de compartimentar y de “tapar” mis verdaderos sentimientos por miedo al qué “dirán” o por pensar que no tengo derecho a quejarme porque siempre hay gente que lo tiene peor. En cierto modo he aprendido a crear “alter-egos” según el momento y la necesidad.

Desde que volvimos a casa y desde que escribí esa entrada que he citado arriba, he pasado por momentos de envidia y de reproche. De envidia por no comprender por qué nos ha tocado a nosotros vivir una hernia diafragmática tan complicada mientras otros lo han tenido tan sencillo. Pensaba que el “por qué a mi” ya lo había superado pero no era así. Me convencía de que debía ser porque nosotros le podemos dar, por suerte, todo lo que necesita, pero realmente no me lo creía y por lo tanto no llegaba a saciar mi necesidad de respuesta. Me he sentido decepcionada conmigo misma por alucinar cuando otros se quejaban de lo difícil que lo tenían, de las complicaciones que habían tenido…cuando no llegaban ni a la mitad de lo que ha tenido Mateo; cuando otros evolucionan a ritmos más rápidos que Mateo sin apreciar lo importante y el mérito que tiene Mateo con su pasito a pasito. Le he reprochado a Alfredo una y otra vez que yo lo tenía más difícil que él porque YO he sido la que me he quedado en casa; yo he sido la que ha dejado todo; yo he sido la que pasa 24hrs con Mateo cada día; YO…YO…siempre YO. No había sido capaz de entender que él también lo estaba y está pasando mal, es su padre, y que no sirve de nada reprocharle. Estamos en ésto juntos. El barco sigue su rumbo sólo si los dos capitanes se entienden y se comprenden.

IMG-20151030-WA0013[1]Han sido varias semanas de salir de la consulta llorando tras una hora de catarsis absoluto. Han sido semanas que pensaba que no estaba mejor; que no veía mejora en mí; que seguía atrapada en una vida que no quería; atrapada por unos sentimientos que me comían por dentro; atrapada pensando “qué mala madre soy” por querer tener tiempo para mí, por necesitar tiempo para mí; atrapada por un vaivén de emociones que no era capaz de gestionar; atrapada por una agresividad que no entendía; atrapada por el esfuerzo de intentar ser feliz y proyectar estar bien sin estarlo realmente; atrapada…atrapada. Estoy convencida de que esto que explico no sólo me ha pasado a mí, y por eso lo cuento. Han sido semanas de pensar que no tenía derecho a sentirme mal, que no tenía derecho a quejarme, que no tenía derecho a pensar que no me merecía esto. Semanas que quería chillarle a todo el mundo que me preguntaba “¿estás bien?”, “DEJADME EN PAZ” y romper a llorar de pura incapacidad de gestionarme y de entender todo lo que sentía.

Pero, poco a poco, cada sesión hace que algo cambie dentro de ti sin que me de cuenta ni lo perciba. Las piezas del puzle que es tu vida y tu persona se van recolocando en su sitio. Cada catarsis, cada descarga, cada enlace que se crea entre el presente y el pasado…todo hace que poco a poco te vayas sintiendo algo mejor. No diría que te cura porque nunca has estado enferma pero sí vas “aceptando” mejor todo lo que te pasa. Vas entendiendo, como he dicho antes, que tu situación no te define como persona, que eres mucho más que todo esto; que no pasa nada por sentir todo lo que has sentido; que es humano; que no pasa nada….reconocer todo esto me ha costado y mucho. Sólo hace una semana que soy realmente consciente de esto: 219 días después de llegar a casa con Mateo y 419 días desde que Mateo nació.

Estaba paseando por la diagonal con Mateo, hacía sol y estaba escuchando música; de repente me vino la sensación de que estoy “bien”; de que yo no me defino por mi situación actual sino que soy más que ésto. Me di cuenta de que puedo con ésto y más. No me había pasado nunca hasta ahora. Nunca había tenido esa sensación. Todo lo contrario. Hasta ahora sólo sentía angustia y frustración. Hasta ahora sólo quería escapar. Hasta ahora solo quería estar sola y sólo estando sola podía recargar pilas y sentirme “bien”. En ese momento, caminando por la diagonal con Mateo, me di cuenta que no necesitaba escapar y estar sola; me di cuenta que momentos como ese me servían para recargar; para coger fuerzas, para estar tranquila conmigo misma; momentos con mi familia juntos era lo único que necesitaba para aceptar todo…

No quiero decir, ni mucho menos, que no tengo momentos de bajón y momentos en los que digo “como añoro trabajar” o momentos en los que me enfado con Alfredo o momentos en los que le reprocho cualquier tontería etc. Pero sí que puedo decir que no tengIMG-20151022-WA0023[1]o la sensación de que me estoy ahogando en mi casa, con Mateo y con todo lo que está sucediendo. Sí que creo que estoy mejor. Sé que estoy mejor. He aprendido que no pasa nada por sentir todo lo que he sentido; que no pasa nada por querer correr; que no pasa nada por ahogarse; que no pasa nada por acudir a un especialista y pedir ayuda; que no pasa nada; que es humano y natural. Esta lección es crucial.

No cuento todo esto para demostraros que estoy bien como hubiera hecho hace unos meses, sino porque quiero compartirlo con vosotros y para que todas aquellas personas, que pasen por momentos duros sean los que sean, sepan que no pasa nada; que no pasa nada por querer tirar la toalla de vez en cuando; que no pasa nada por querer huir; no pasa nada. De túneles de momentos duros hay de todos los tamaños, largos, cortos, muy largos, y aún más largos, pero todos tienen salida. Yo no he salido del mío aún pero ya veo la luz y está cerca. Tardaré más o menos en llegar a la salida, pero saldré. Y todos, y repito todos, salimos.

7 comentarios el “Lo importante, después de todo, es salir.

  1. Rosi dice:

    al final Lucia tiene razón: “No pasa nada ” ❤

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  2. Jorge dice:

    Y saldrás más fuerte y más sabia, no lo dudes.
    Todos te admiramos mucho por tu fuerza (también a Alfredo, a Lucía y por supuesto a Mateo..)

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  3. carmen dice:

    Cada vez que te leo me dejas sin palabras , te quiero , Luisita !

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  4. Belén dice:

    Me gustas y te admiro antes y después del psicólogo. Agradezco tu sinceridad porque me tenías muy despistada, reconocer que uno no está bien no es solo un hecho de valentía sino la primera piedra necesaria para construir, así que enhorabuena.

    Me considero tu antítesis, cuando yo “me perdí” no tuve problema es escupir como me sentía a los 4 vientos, sin caretas. Solo espero no haber herido demasiado tus sentimientos al quejarme de nuestras dificultades y poder seguir acompañándoos desde este lugar de conocidos por la HDC. Lograré poder correr a tu lado super Luisa. Un beso!

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  5. Laura Fitera dice:

    Qué bé que escrius!fas realment emocionar amb tot el que dius i com ho dius. Gràcies per compartir les teves experiències. T’envio una abraçada i molts ànims!

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  6. María José dice:

    Me alegro mucho Luisa, si hay algo que define a las personas es su forma de enfrentar las dificultades y la más valiente es abrir la mochila que llevamos puesta y ver con qué estamos cargando, es la única forma de poder recolocar el peso, hacerlo más liviano y en ocasiones hasta que desaparezca!!! Os deseo lo mejor, sois un equipazo los cuatro!!! Un abrazo muy fuerte..

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